¿Conoces el calate?, símbolo de Atzalan, Veracruz

* Es una “ranita” pequeña, pero su peculiaridad hizo que la tomarán en cuenta en la cultura, la ciencia, la música y la gastronomía local.

Atzalan, Ver.- Aun cuando todos los anfibios merecen especial atención, en este municipio existe uno llamado “Calate”, que por su peculiaridad provocó que lo tomaran en cuenta en la música, la gastronomía y hasta en el aspecto cultural, tan es así que su imagen ha sido plasmada en el escudo local y en los diversos monumentos que se han cimentado en toda esta localidad, en donde los pobladores hoy lo ven como un habitante muy singular.

El Calate, es una pequeña ranita arbórea nocturna, de entre 2 y 9 centímetros, que habita en los bosques y algunos de los arroyos que surcan las cañadas rocosas de la zona de Atzalan. Precisamente en este mes se le puede ver y escuchar cantando en los árboles o en las paredes rocosas dentro del agua, donde los cazadores se dan cita para atraparla y convertirla en un platillo especial.

Su importancia en la gastronomía local

Una de las personas que prepara por lo menos cinco platillos con este milenario anfibio, es la señora Lorena González Hernández, quien explica que en la cabecera municipal y en las comunidades, los “Calates” se puede encontrar en caldos de verduras, en arroz, tortitas parecidas a las de camarón, ahumados, fritos y hasta en mole, todo depende del gusto del comensal y de la persona que lo vaya a preparar.

“La forma de preparación siempre será especial, pues al menos aquí al presidente municipal le gustan los calatitos ahumaditos, pero cada persona busca complacer de modo distinto su paladar y, precisamente, de ahí es que existen diversos platillos y maneras de elaboración”, agrega la entrevistada, quien aclara que “Calates” frescos sólo se pueden encontrar en los meses de reproducción, que son Septiembre y Noviembre.

El “Calate” y su relación con lo cultural

Para hablar de la historia de este anfibio y la importancia que se le ha dado en el escudo del municipio buscamos al Profesor Saúl Martínez Perdomo, quien nos cuenta que esta ranita es milenaria y que, por se única de esta zona, los habitantes decidieron que se incluyera como un símbolo más en el emblema de la localidad, a tal grado que hoy a las personas que nacen en Atzalan se les llama “calates” y casi todos difunden con orgullo ese gentilicio.

“Aquí estuvo un biólogo llamado Daniel Cabañas Hernández, que hizo una tesis sobre este animal, y él demostró que el Calate es único en México y sólo se le puede encontrar en dos lugares específicos, Atzalan y Michoacán, por esa razón ahora se le quiere y cuida más, incluso aquí se le ha tomado en cuenta, no sólo en escudo municipal, sino que su imagen también ha sido plasmada en fuentes y otros monumentos”, explica el profesor.

El “Calate” en la música

La ranita, que para muchos habitantes de esta región es totalmente desconocida, también ha sido tomada en cuenta en la canciones de diversos cantautores, en especial de uno que la incluyó en el tema “Atzalan de mis amores”, Daniel Miranda Bautista, quien se ha hecho conocido en esta zona por un video que se ha difundido en Youtube, el donde se destacan todos los paisajes y riquezas culturales de esta serrana localidad, que su nombre deriva del Náhuatl y que quiere decir “Entre aguas”.

“Calate” y el aspecto económico

La actividad económica que se crea en torno a la captura del Calate genera ingresos significativos a los recolectores. Después de disecarlos, venden la docena entre 100 y 200 pesos. Esta misma cantidad de Calates en un restaurant de la ciudad asciende a más de 250 o 300 pesos. Como en cualquier actividad productiva, quien tiene la oportunidad de pagar, acaparar y almacenar es quien obtiene el mayor margen de ganancia. Desde el punto de vista utilitario, la recolección de Calates es una fuente temporal de ingresos para algunas familias. No existe un límite en el número de ejemplares capturados, ni reglas del juego: el que capture más, gana más.

El “Calate” y la ciencia

Según la Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Universidad Veracruzana “La Ciencia y el Hombre”, en su número de enero a abril del 2012, los Calates son anfibios que cantan para evitar su desaparición y Atzalan es la única ciudad donde este anfibio se considera como una especie comestible. En un principio, los lugareños eran los únicos que la cocinaban, lo que se hacía como un pasatiempo, especialmente el 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel y fecha en que los calates “llegaban” con el santo patrono para servir de alimento.

La realidad es que por esos días comienza su ciclo de reproducción, y es cuando descienden de las partes altas a desovar en los arroyos. Hoy en día, los habitantes de diferentes poblados aledaños acuden a Atzalan para ofrecer calates por docena. Saben que es un mercado seguro y que se debe satisfacer la demanda de estos singulares animalitos.

A pesar de ser un símbolo, hay diversos factores que podrían contribuir a acelerar la desaparición de esta especie. Entre las amenazas más importantes para los anfibios se encuentra la pérdida del hábitat y la fragmentación de sus poblaciones debidas a la expansión de la agricultura, el aprovechamiento forestal no planificado, el crecimiento urbano y la construcción de caminos de terracería; la contaminación ocasionada por la descarga de aguas residuales en manantiales y arroyos inhibe y evita que se efectúe el ciclo reproductivo de esta especie.

Según la publicación, otro importante factor global es una enfermedad que fue descubierta recientemente, causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, el cual ha causado la rápida disminución de muchas especies en el planeta: la mitad de las que se hallan en peligro de extinción y la cuarta parte de las especies amenazadas. Si a esto le agregamos la explotación intensiva del calate para el mercado, su desaparición aumenta exponencialmente.

¿Qué hacer?

La situación actual de este anfibio es muy similar a la de cientos o quizá miles de animales que han sido poco valorados por los seres humanos, sin que se estén tomando las medidas adecuadas para evitar su extinción. Esto provocará que en menos de una década el calate pase a la historia como la ranita que servía de alimento y enaltecía al municipio de Atzalan por su vasta presencia en la zona. Ante este panorama tan adverso, es momento de proponer estrategias que contribuyan a disminuir su captura y aumentar el tamaño de las poblaciones de calates, así como establecer módulos experimentales para estudiar y documentar su reproducción en cautiverio.

La protección del hábitat es la forma ideal para conservar las especies, sin embargo, eso es difícil dadas las condiciones actuales, cuando se cree que la tierra que no genera una renta es ociosa, es difícil que se puedan crear espacios extensos para la conservación del calate.

Por otro lado, preocupa pensar en la reproducción en cautiverio para después liberarlos en su hábitat cuando este ya no existe. La estrategia debe ser integral y abarcar todos los factores que impiden la correcta reproducción de esta fascinante especie.

El panorama que se presenta para los calates de Atzalan es incierto. Sin embargo, se pueden efectuar algunas acciones para evitar su desaparición en la zona. Por ejemplo, la protección del hábitat debe ser una actividad esencial para que se destinen áreas apropiadas que hagan posible la reintroducción de los ejemplares reproducidos en cautiverio. De igual manera, es importante diseñar talleres de sensibilización para evitar su captura indiscriminada en la zona. Con estas acciones se aumentaría el número de individuos y el de sus poblaciones.

La reproducción en cautiverio puede, por lo tanto, mantener animales vivos, pero no siempre es el método más confiable para prevenir la extinción de los anfibios en la naturaleza.

GILBERTO VIVEROS/ LARED